HISTORIA

LA IMPERIAL COFRADÍA Y EL PENDÓN DE BAEZA

La reflexión que sigue, después de que el tema haya sido tratado por grandes maestros y siempre referentes para la Imperial Cofradía, como lo fueron el siempre recordado Abad de la Colegiata y, en su momento, consiliario de la propia Cofradía, D. Antonio Viñayo o el referente entre los cronistas de la misma, D. Justiniano Rodríguez, no pretende aportar grandes novedades sino remozar, quizá, lo conocido y servir de primera aproximación a quien se acerque a esta página con el corazón abierto y la mente incluso dispuesta a algunos sobresaltos.

Bueno es acercarse, al menos de vez en cuando, a las raíces, a aquello que nos calienta el alma; en este caso a uno de los más representativos símbolos del Reino de León y su pervivencia, aun a pesar de los inconvenientes, de todo tipo, por los que transitamos: el Milagroso e Invicto Pendón de Baeza y sus circunstancias.

La verdad es que podríamos hacerlo desde varios o puntos de vista, pero para no extender demasiado esta, necesariamente, breve crónica, trataré de concentrar mi pensamiento en torno a dos ejes fundamentales: la génesis del mito y la pervivencia del mismo a través de la Orden de Caballeros devenida en Cofradía sacra, sin obviar, naturalmente, una ligera mención al propio símbolo, su historia, composición y situación actual.

Pero, para elevar, ya de entrada, el sentimiento de lo que algunos denominarían el orgullo de la pertenencia a una colectividad o simplemente la identidad, citaré un resumen de un artículo aparecido en el DIARIO DE JAEN, el 28 de mayo de 2016, con motivo de la visita de algunos miembros de la Cofradía a su tierra de nacencia, Baeza.

Portar el Pendón de Baeza por las calles de la monumental León es un honor que está reservado a Jefes de Estado y altos dignatarios. Este paño de tafetán carmesí está custodiado en la Real Basílica de San Isidoro de la capital leonesa. Tiene la consideración de reliquia nacional y goza de honores de Capitán General.”

Una tierra vieja, pues, que se enorgullece de vivir al calor de sus antiguas tradiciones debe poder hacer gala, entonces, de algunos títulos de nobleza, por encima claro está de algunos a los que incluso podríamos calificar de advenedizos en la historia, títulos que son el testimonio vivo de aquellos blasones de un Reino que fue Imperio y que no han perdido, ni siquiera, su autenticidad, a día de hoy.

León puede sumar, a un incontable catálogo de atributos, títulos, honores y singularidades, el orgullo de contar con una de las instituciones más antiguas y de más raigambre de España: LA MUY ILUSTRE, REAL E IMPERIAL COFRADÍA DEL MILAGROSO PENDÓN DE SAN ISIDORO o Pendón de Baeza. Mas una afirmación de tal rotundidad bien exige, cuando menos, una breve explicación.

Situémonos a mediados del siglo XII; Alfonso, el VII de este Reino, ha conseguido el objetivo largamente acariciado por sus antepasados: ser coronado en León, el día 26 de mayo de 1135, Emperador de toda Hispania.

A partir de ese momento, el “pequeño califa”, como le apodaban sus enemigos, deberá obrar como Emperador y así comienza una dura y larga campaña de conquistas en el sur musulmán que le llevará a apoderarse, entre 1142 y 1144, de ciudades tan importantes como Coria, Jaén o Córdoba, por no citar más que algunas, aunque sin menospreciar otras como Andújar, Baños de la Encina o Úbeda que caerán más tarde.

Llegamos así a 1146 año en que, con las bendiciones del Papa, el Beato Eugenio III, y en forma de Cruzada, lo que le garantiza el apoyo de sus Reyes vasallos, comienza la campaña para conquistar Almería, base marítima importante y lugar de penetración de nuevas oleadas de enemigos.

Hay que recordar también, ya que la situación va con los tiempos, que nos encontramos en plena predicación de la Segunda Cruzada, encargada por este mismo Papa nada menos que a San Bernardo de Claraval, el gran impulsor de la Orden del Cister. El 24 de abril de 1147, el Papa Eugenio se encuentra en Francia por dos razones: la existencia en Roma de un antipapa, Anacleto II y para bendecir la partida de esa Segunda Cruzada. Ello le permite asistir al Capítulo General de la Orden del Temple, celebrado en París, en el que les concede el derecho a llevar permanentemente la Cruz paté roja en su indumentaria.

Año convulso este 1147 y que, sin duda, influirá en decisiones que nos conciernen directamente; pero volviendo a nuestro Alfonso, digamos que, con la ayuda de caballeros cruzados llegados del resto de los reinos y hasta con la colaboración de la armada genovesa, consigue conquistar Almería. Alcanzar, por ejemplo, la Alcazaba de la misma no debió resultar nada fácil, pero lo que hay de cierto es que la ciudad cae en octubre de dicho año; antes, sin embargo, se ha producido ya la milagrosa toma de Baeza, origen de la Imperial Cofradía y de su Pendón.

Por si alguien aún no lo conoce, relataré entonces cómo los cronistas refieren el hecho; nos atenemos al primer relato conocido de esta intervención milagrosa del Santo Isidoro en la toma de la plaza. Se trata de un autor anónimo, seguramente un canónigo de la Basílica isidoriana, que compone, probablemente en 1172 la Historia Traslationis Sancti Isidori, atribuida erróneamente y durante mucho tiempo a Lucas de Tuy, mas, dado que dicha obra está escrita en latín, utilizamos la traducción de Alberto Montaner Frutos.

Hay que señalar también que, aunque más resumida, pero sin variar el relato, esta intervención también la recoge, en este caso sí, el que fuera canónigo de la Real Basílica-colegiata, D. Lucas de Tuy, el reconocido Tudense, nombre que le fue atribuido por haber ocupado la sede episcopal de Tuy entre 1239 y 1249, fecha de su muerte. Según la tradición, este Lucas, nacido en los primeros años del siglo XIII y ya canónigo regular, habría recibido de Santo Martino, abad de San Isidoro, el encargo de defender la causa del más santo de los sabios y el más sabio de los santos, escribiendo una obra denominada De Miraculis Sancti Isidori (Sobre los milagros de San Isidoro); dicha obra le ocuparía entre los años 1223 y 1236.

En ella se recoge, además de otros hechos extraordinarios atribuidos al Arzobispo hispalense, su intervención en la toma de Baeza. Una precisión importante a este respecto; si tenemos en cuenta que, por edad, tanto Santo Martino como el autor de la Historia de la Traslación de San Isidoro son prácticamente contemporáneos de los hechos, debemos suponer que los mismos son narrados, de manera hagiográfica, sí, pero sin alejarlos demasiado de la realidad puesto que muchos de los lectores son descendientes directos de los protagonistas del acontecimiento y por lo mismo, han podido oírlo hasta de sus labios; de 1147 a 1172, fecha de la primera narración escrita hay apenas 25 años. E incluso desde 1147 hasta el momento en que escribe su obra D. Lucas, en 1223, han transcurrido solo 76 años.

LA NARRACIÓN HAGIOGRÁFICA DE LOS CRONISTAS MEDIEVALES

Sigamos, entonces, el relato que, de los hechos, nos refiere ese canónigo de la Real Colegiata. Así, de manera literal, aunque un poco resumido y adaptado al lenguaje actual, nos es narrado el acontecimiento:

“como el Serenísimo Rey don Alfonso procurase gobernar sus reinos santamente y ensanchar los límites de la fe católica, conquistase muchas ciudades y lugares ocupados por los infieles, vino con unos caballeros a poner cerco sobre la ciudad de Baeza. Y como los moros de las ciudades cercanas lo supieron, se juntaron para destruir el real del católico príncipe.

Y viendo el noble Rey que él y los suyos, por ser muy pocos, no podían resistir el ímpetu de los contrarios, comenzaron a llamar en su ayuda a Dios Nuestro Señor…y sucedió que estando el Rey en su tienda, vínole un poco de sueño y aparecióle una visión maravillosa: un varón muy honrado, con sus canas muy fermosas, vestido como Obispo, y su rostro resplandecía como el sol, y cerca de él venía (…) una mano derecha, la cual tenía una espada de fuego, (…) y llegando junto al Rey, comenzó a fablar suavemente, diciéndole:

¡Oh, Alfonso! ¿Por qué dudas? Te digo que todas las cosas son posibles a Jesucristo y te digo más: ¿Ves esa multitud de moros? En amaneciendo, así como el humo, desaparecerán (…). Yo soy diputado por Dios para guarda tuya y de los de tu linaje, si anduviereis en fe no fingida delante de Él. Díjole entonces el Rey: ¡Oh, Padre muy santo! ¿Quién eres tú y de qué me fablas?

Respondiole luego y dijo: Yo soy Isidoro, Sucesor del Apóstol Santiago por gracia y predicación. Esta mano derecha que va conmigo es del mismo Apóstol. Y dichas estas palabras desapareció la visión.”

Recordó el Rey la visión e hizo a llamar a Obispos, Condes y caballeros para contársela y algunos de ellos emocionados le dijeron al Monarca:

“Señor, pues que así es, si pluguiese a vuestra majestad, ordenemos una confraternidad en honor de San Isidoro, encomendándonos a él para que sea siempre en nuestra ayuda, así en la vida como en la muerte; y plugo mucho a todos aquella palabra, y luego allí ordenaron su compañía de San Isidoro y la firmaron y juraron, y en señal de hermanos se dieron el beso de la paz. (…).”

Como se puede constatar, pura y simplemente la prueba de la constitución de una confratérnitas, de una hermandad de caballeros.

Más tarde, y para abreviar, señalare solamente que…” tomóle al Rey otra vez el sueño y luego le tornó a aparecer San Isidoro con rostro más alegre y le dijo: La Cofradía que ordenaste a honra del nombre de Dios, encomendándote a mis oraciones, yo la recibo en mi protección, y a los que la guardasen seré ayudador fielmente en la vida y en la muerte. Ahora esfuérzate y sé valiente, que, en llegando la mañana, te dará Dios en tu poder toda esta multitud de infieles…y dicho esto desapareció la visión.

Despertó el Rey… y, el 25 de julio de 1147, venció a los moros, y los que estaban en Baeza salieron humildemente y entregaron la ciudad al dicho Rey Don Alfonso.”

APROXIMACIÓN A LA REALIDAD

Pero, se preguntarán algunos lectores ¿qué puede haber de cierto en todo ello? Algunas fuentes históricas aseguran que Baeza no fue conquistada por las tropas cristianas, sino que la fortaleza se rindió al Emperador. ¿Y cuál es la diferencia? Ni D. Lucas ni el anónimo canónigo afirman que se atacara la plaza, sino que, por alguna razón, se rindieron de forma voluntaria al Rey.

Tratemos, entonces, de reconstruir los hechos. Hemos comentado más arriba, y este es un dato importante, que la flota genovesa se encontraba cercando ya Almería. Esta ayuda, en nada desinteresada, le cuesta al Emperador una considerable suma cada día que pasa; por lo tanto, el grueso del ejército se ha desplazado ya hasta allí y el propio Alfonso, no queriendo dejar problemas detrás de sí, pretende apoderarse de una ciudad, Baeza, distante de la anterior 222 KM, que era, y aún es denominada hoy “Real nido de gavilanes”. Se trata pues de una plaza fuerte que es preferible tener controlada y que, para los musulmanes, era una de las puertas de entrada a Andalucía. Sin embargo, el cálculo hecho por los asesores del Rey ha debido fallar en algo y, a la dificultad de la conquista, se suma el hecho de que otras tropas enemigas vienen en auxilio de los sitiados, lo que pone al real de Alfonso en una situación más que incómoda.

Por la razón que sea, y aquí ya lo dejo a la libre imaginación de cada cual, o el Rey, en efecto, tiene una visión (y no es algo que la historia nos refiera por vez primera) o es aconsejado sobre ello por alguno de los Obispos o caballeros que le acompañan o él mismo imagina esta ayuda de lo alto que vendrá a levantar la moral de la tropa. Lo cierto es que las previsiones se cumplen y Baeza cae al día siguiente de la real o supuesta visión del Rey; el 25 de julio de 1147.

Podemos convenir, cierto es, en que el relato de la aparición de San Isidoro sigue, con bastante exactitud, los patrones de otras apariciones que acontecen en la Reconquista. Probablemente la interpretación del mundo y la visión teocrática, incluso del poder temporal, propiciaban esta presencia casi constante de lo sobrenatural en la vida de los individuos, de manera especial, en momentos de dificultad extrema. Así tenemos, por ejemplo, y sin tratar de ser exhaustivo, la aparición de Santiago en varias ocasiones, lo que le valió el patronazgo sobre el Reino de León y posteriormente sobre toda España; San Millán, patrono de Castilla, también se aparece a Fernán González; asimismo el Maestre de la Orden de Santiago. Pelayo Pérez Correa, recibe la ayuda de la Virgen María, en la Extremadura más leonesa, que alarga el día hasta que consigue vencer a los enemigos, algo que nos recuerda la frase “Santa María detén tu día”. ¿Qué tiene entonces de extraño que, en este episodio de Alfonso VII, sea precisamente San Isidoro de Sevilla, impulsor de una primera unidad alrededor de la fe católica, el que venga en ayuda de un Reino que ha adoptado por bandera lo que alguien denominara, precisamente, goticismo y que no busca sino la unidad de Hispania bajo una misma creencia?

¿Y si nada hubiera ocurrido en Baeza, por qué elegir, precisamente esa ciudad, tanto para la creación del mito como para dar nombre a un Pendón, hoy bandera histórica de España?  El velo del misterio, diríamos incluso, de un necesario misterio nos envuelve una vez más elevándonos sobre la propia miseria cotidiana.

SOBRE EL PROPIO PENDÓN

Dirijamos ahora nuestra reflexión hacia el Milagroso Pendón. Ya que, si complicado es poder argumentar a favor o en contra de la intervención milagrosa del Santo Isidoro en Baeza, a nadie se le oculta tampoco la polémica sobre la confección del símbolo que perpetúa el hecho: el emblema que lleva su nombre asociado al del Santo sevillano.

La tradición nos dice que fueron precisamente las mujeres leonesas que acompañaban al Emperador las que trasladaron, de inmediato, a un tafetán carmesí la visión que D. Alfonso les habría referido. Es la fundada opinión de quien más sabía sobre San Isidoro, el Abad de imperecedera memoria, D. Antonio Viñayo, fallecido el 13 de diciembre de 2012. Así lo contaba él en uno de sus múltiples escritos:

“Desde 1147 acaricia el aire de España el Milagroso Pendón de San Isidoro. En la canícula de aquel año, el emperador Alfonso VII se vio detenido en los escarpes de Baeza, en su avance hacia Almería. Interviene Isidoro cuando ya las huestes leonesas se disponen a levantar el cerco. Fruto y recuerdo de esta intervención es la efigie del Santo, caballero sobre caballo tendido a galope, enjaezado con silla de altos borrenes y rico freno enfundado en sedas. La efigie es doble, por ambos lados del paño, que las damas de León bordaron en el mismo Real de Baeza.”

Claro que no pretendemos llevar a nadie a esos extremos de credulidad y confianza puesto que no sería demasiado normal que las citadas damas dispusieran, in situ, de todo lo necesario para elaborar el Pendón y bordarlo con el primor con el que llegaron a hacerlo. Incluso les faltaría algo esencial: el tiempo. ¿Cabría imaginar, sin embargo, que se llegara a confeccionar un primer esbozo, probablemente en el propio cerco de Almería para estimular, ya desde ese mismo momento, el valor de los soldados? No lo descartemos de entrada; una vez más, está dentro de la lógica.

Nos hace pensar así el hecho de la existencia de algo muy semejante: el Pendón de la conquista de Valencia, hecho ocurrido casi un siglo más tarde, el 28 de septiembre de 1238. Este Pendón se confeccionó, de forma muy rápida, para celebrar la conquista y consta de tres tiras cosidas de trapo tosco, de color blanco, sobre las que se pintaron cuatro barras rojas.

Sin embargo, así como en la narración de D. Lucas de Tuy, la creación de la Cofradía se retrasa hasta la llegada del Emperador a León con sus tropas victoriosas, ambas situaciones podrían convivir y así, el 18 de febrero de 1148, fecha en la que, según nos consta, el Rey reúne por primera vez a los caballeros de la Imperial en San Isidoro, el Milagroso Pendón podría haber sido presentado en la Corte de manera solemne.

Nada se recoge de esos hechos, es cierto, e incluso, si nos atenemos a determinadas teorías (por ejemplo, Gómez Moreno (1925-1926: I, 211) y Alcolea (1958: 382) retrasan la datación del pendón al siglo XIII, contradiciendo la fecha tradicional que ha venido siendo predominante. Ambos autores señalan la anacrónica presencia de las armas cuarteladas de los reinos de León y de Castilla; algo que se viene explicando como añadidos posteriores y que, si nos atenemos a la opinión fundada de la Dra. Margarita Torres Sevilla, así lo manifiesta. En este sentido, es, cuando menos curioso, señalar que lo que se contempla normalmente es el supuesto anverso del paño bordado y nadie habla de que, en el otro lado, ya que el pendón está bordado por ambas caras, las armas de León se encuentran en el primer y en el tercer cuartel. ¿Querrá esto también indicarnos algo? ¿Estaremos ante una especie de “tanto monta posterior”? ¿Habremos tomado el anverso por lo que, en realidad, es el reverso? No creo deber recordar aquí, una vez más, la triste constatación de que la historia la escriben los vencedores…

Opinión similar mantienen otros, apoyándose en la idea de que sería, a partir del año 1231, cuando Fernando III comienza a utilizar esa composición heráldica; sin embargo, tampoco hay ni referencia ni respuesta alguna a nuestras dudas anteriores …

Teniendo en cuenta detalles como la cabeza del caballo o la Cruz que porta el Santo, algunos otros pretenden que nuestro Pendón no serían, en ningún caso, anterior a 1331, fecha en la que el Abad de la Colegiata, D. Marino, llevó a cabo una primera refundación de la Cofradía a la que, según dichos autores, habría dotado de un símbolo: el Milagroso Pendón.

No conviene pasar por alto, en este caso, la fundada apreciación de la Dra. Partearroyo Lacaba, gran especialista en los tejidos hispanomusulmanes. En su opinión estaríamos, como mucho, ante una pieza de la segunda mitad del siglo XIII, pero, en ningún caso, del siglo XIV como sostienen, sin aportar evidencias, esos otros historiadores.

Quien, seguramente, mejor conociera cuanto tiene alguna relación con San Isidoro y la Real Basílica, D. Antonio Viñayo, a quien hacíamos más arriba mención, basándose en documentos y en la tradición, siempre sostuvo que el Milagroso Pendón había ondeado victorioso, entre otros lugares, en la toma de Sevilla que se desarrolló entre agosto de 1247 (curiosa coincidencia pues estamos justo a un siglo de la fundación de la Imperial) y noviembre de 1248. A ello añadiremos Antequera, Tarifa, Algeciras, etc., y con bastante probabilidad en la toma de Granada. El propio D. Antonio así lo afirmaba, basando su seguridad en el hecho de que algunos cronistas describen nuestro Pendón ondeando sobre una de las torres, pero toman al caballero, San Isidoro, por Santiago lo que les habría llevado a confusión. El Pendón santiaguista no contiene caballo alguno…

Difícil datación exacta pues para nuestra gloriosa enseña y bueno es que le queden algunos flecos a la historia; no solo porque, de ese modo, el misterio puede seguir planeando sobre nosotros sino también porque ello nos permite seguir el consejo de la admirada Dª. Emilia Pardo Bazán. Así se pronunciaba la gran escritora sobre las leyendas relacionadas con la historia: “nunca debemos pisotear una leyenda, sino acariciarla y llevarla en el seno, al estilo del gusano de seda que ha de hilar la materia prima de una tela riquísima”.

¿Y no consiste también en eso, en la leyenda que teje el misterio, la posibilidad de contar y sentir sano orgullo de las grandezas de nuestros antepasados? Aún más; otros pueblos han hilvanado, precisamente, unos hechos históricos más que supuestos sobre la base de leyendas mucho menos probables. ¿Por qué hemos de aportar nosotros mil pruebas para que algo se tenga por válido cuando a los demás no se les exige ninguna? ¿Acaso es más creíble el nacimiento de la Senyera con la explicación recogida por Pere Antoni Beuter, en 1555, en su obra Crónica general de España? Lean y den crédito…, si quieren:

“…pidió el conde Iofre Valeroso (entiéndase Wifredo el Belloso) al emperador Loís (Luis) que le diesse armas que pudiesse traher en el escudo, que llevava dorado sin ninguna divisa. Y el emperador, viendo que havía sido en aquella batalla tan valeroso que, con muchas llagas que recibiera, hiziera maravillas en armas, llegóse a él, y mojóse la mano derecha de la sangre del conde, y passó los quatro dedos ensangrentados encima del escudo, haziendo quatro rayas y dixo: “Éstas serán vuestras armas, conde.” Y de allí tomó las quatro rayas, o bandas, en el campo dorado, que son las armas de Cathaluña, que agora dezimos de Aragón”.[]

Pues bien, precisamente, y en términos estrictamente históricos, el escudo de las cuatro barras parece que comenzó a ser utilizado por el conde Ramón Berenguer IV (1114-1162), cuñado de nuestro Emperador Alfonso, precisamente por los años en los que el citado conde combatiera a su lado en la conquista de Almería. Las cuatro barras se convertirán, en la época de su hijo, Alfonso II de Aragón, en el símbolo oficial de dicho linaje.

Por cierto, nuestro glorioso Pendón también cuenta con sus hechos heroicos como el de la batalla de Guadalorce.

Diversos historiadores señalan que, en dicha batalla, el Alférez Mayor de Baeza, Pedro Martínez de Xódar, murió heroicamente defendiendo el Milagroso Pendón. Cuentan su heroicidad afirmando que, habiendo perdido sus manos, sostuvo el Pendón con sus brazos amputados hasta que falleció. Debido a esta su gran valentía, a sus descendientes se les permitió utilizar el apellido Alférez de Jódar.

Pero dejemos un momento las leyendas y vayamos a un hecho concreto; quisiera, siquiera brevemente, recordar ahora la toma de Antequera o como los cronistas la denominan, la recristianización.

El infante D. Fernando, pronunciada la famosa frase de “salga el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera”, decide cercar esa importante ciudad, puerta de entrada hacia Málaga; es el 12 de mayo de 1410. Refriegas, escaramuzas, batallas más o menos cruentas, salidas a campo abierto por parte de los sitiados, muertes por miles de los unos y de los otros… Los meses pasan y nada parece cambiar. La plaza no cae; se acerca el invierno y D. Fernando tiene prisa; pretende terminar lo comenzado y dirigirse a Aragón de donde reclama la corona, ya que ha muerto, sin descendencia, Martín I, su tío abuelo. En esta tesitura aconsejan al infante que haga llegar desde León el Milagroso Pendón de San Isidoro ya que, según los relatos que corrían por los diferentes reinos, no había perdido ni una sola batalla. Así consta en las Actas Capitulares e incluso se recoge en el relato de la conquista de Antequera.

El 10 de septiembre el Pendón de Baeza llega a Antequera lo que eleva la moral de la tropa cristiana; hasta tal punto que, apenas 6 días más tarde, cae la ciudad y se oficia una primera misa en la antigua mezquita. En la misma, el Pendón ocupa un lugar preeminente, al lado del Infante y de los Obispos oficiantes, puesto que todos atribuyen a la acción milagrosa del mismo el fin del cerco y la toma de la ciudad.

¿Qué podemos colegir de lo dicho? Un par de conclusiones más que lógicas: si el Pendón no hubiera gozado ya, entonces, de fama de milagroso, ¿qué razón había para reclamarlo desde tan lejos si, para la época, ya habría algunos, incluso mucho más cerca, como el Pendón de San Fernando, en Sevilla? De Antequera a León, por las rutas actuales, hay más de 800 Km y fácilmente podemos colegir la dificultad del traslado en aquellos momentos…

Ello nos lleva a afirmar también que, dada su carga simbólica, venía siendo utilizado ya, desde antiguo, dos siglos quizás, al menos, para acompañar a los ejércitos cristianos, especialmente a las tropas leonesas, en las batallas importantes contra los enemigos de la fe. Ello nos es confirmado, incluso, cuando, siglos más tarde, el Emperador Carlos I de España y V de Alemania, lo solicitará al Cabildo Colegial para combatir en Flandes, en aquellas guerras en las que se había embarcado contra la reforma protestante. Dicha petición se recoge en el Códice XCI de la Colegiata, folio 120.

Y ya que hemos hablado de Reyes medievales e incluso de un Rey de la España de la Edad Moderna, dos palabras, para no extender demasiado esta intervención, sobre la vinculación del Pendón con la Monarquía Española de la Edad Contemporánea.

Según consta en los archivos capitulares, el día 28 de julio de 1858, visitó la Real Basílica Isabel II la cual tuvo en sus manos el Milagroso Pendón, tras la exhaustiva explicación de la historia del mismo, su simbología y su vinculación con la Casa Real Española, heredera de la leonesa. Los hechos transcurrieron en la capilla de Santo Martino, que la Imperial Cofradía suele utilizar para alguno de sus actos más íntimos como la imposición de medalla a los nuevos cofrades en la vigilia del día anterior a la toma de hábito.

Terminada, entonces, la ceremonia a la que aludimos, la Reina solicitó la inscripción, en la Cofradía, de su esposo y de D. Alfonso, Príncipe de Asturias. Pidió, asimismo, al Abad, D. Fernando de Lucas, una reseña histórica escrita de cuanto le había manifestado y había oído con sumo placer.

Otro destacado acontecimiento tuvo lugar en 1877, con la visita de Su Majestad, Alfonso XII y la Princesa de Asturias, Doña María Isabel Francisca de Borbón. En la Real Basílica fueron recibidos por el Cabildo Isidoriano y los miembros de la Imperial Cofradía encabezados por su abad, el Sr. Marqués de San Isidro, el cual puso el Pendón en manos del Rey, como es preceptivo.

A principios del siglo XX, en 1908, durante la visita Real a León, con motivo del Centenario de la Guerra de la Independencia, también los cofrades sacaron el Imperial Pendón al atrio de San Isidoro y lo depositaron en manos del Rey. Por cierto, en aquel momento, y dado el estado de la tela de damasco, se tomó el acuerdo de reemplazarla por otra.

Y, puesto que de la historia hablamos, no deberíamos obviar un hecho histórico más reciente; terminada la guerra civil, el Pendón fue requerido desde Madrid para presidir, junto con otras banderas históricas, y en un lugar preeminente, el conocido como Desfile de la Victoria.

Dedicaré ahora unos breves párrafos para referirme a la propia estructura compositiva del Pendón.

Hay que significar, para abordar el tema, que, por evidente, no debo explicar aquí lo que se entiende por un pendón, ni siquiera su forma tradicional ni lo que los mismos significan para la identidad de los leoneses como pueblo. El Milagroso Pendón, en su estado actual se podría describir como haremos a continuación. Mas antes, me permitiré un breve paréntesis para señalar que parte de la descripción que voy a utilizar es la que le fue entregada a la Cofradía después de la sustitución del paño y la restauración de los bordados de la copia auténtica que la Cofradía utiliza y que ejecutó con sumo acierto, entre los meses de enero y abril de 2014, el taller de los hermanos Labanda Urbano. Este dato es de un especial interés para la Cofradía pues fue quizás el último de los trabajos llevados a cabo por el benjamín de los hermanos, Álvaro, que nos dejó, poco después, apenas estrenada una esperanzadora juventud. Sirvan estas breves, aunque sentidas líneas, para honrar también su memoria.

Estamos ante un estandarte farpado, de dos picos a farpas aguzadas, aunque irregulares pues la más larga es la que se sitúa a la derecha del espectador, es decir el superior; y por una razón evidente: la inferior es más corta, para evitar que arrastre. Las medidas concretas son las siguientes: 252 cm de largo el pico superior, 225 el pico inferior y 216 de ancho.

Si hemos de hacer caso a determinados especialistas, como Montaner Frutos, cabría pensar que el Pendón no siempre tuvo la forma actual. Basándose en la disposición de los bordados y en el hecho de que en el mismo se recogen 5 símbolos heráldicos de los reinos de León y de Castilla, se podría concluir en que, en su origen, se trataría de una bandera rectangular de cinco farpas, seguramente redondeadas y siguiendo la tipología de las enseñas militares o representativas de la época. No hay, sin embargo, constancia documental, por lo que no nos cabe otra opción que describir la forma en la que actualmente lo conocemos.

Sobre una tela de damasco, rojo carmesí, lleva bordado, en la mayor parte del centro de la misma, un Obispo vestido de pontifical con espada en la mano derecha y Cruz en la izquierda, mano que también sujeta las riendas del corcel. A su derecha, y en un tamaño mucho menor, se encuentra un escudo cuartelado con las armas de León y de Castilla. En la esquina superior derecha aparece una mano empuñando una espada y que sale de unas nubes; es la representación de Santiago que, como en ocasiones anteriores, también en la toma de Baeza, ocurrida en el día de su fiesta, habría ayudado a los cristianos. Por último, a lo largo del lado izquierdo, donde se dispone el tubo para introducir el mástil, se muestran, de forma aproximadamente equidistante, tres castillos y dos leones rampantes intercalados que, para algunos historiadores, no seguirían, lo mismo que el escudo, las mismas técnicas de bordado que el propio caballo, lo que les haría ser más recientes en el tiempo y apoyar, así, su incorporación posterior.

Pero volvamos unos breves minutos a la propia Cofradía, nacida como primera confraternidad de caballeros, seguramente en el sitio de Baeza y, por lo tanto, la institución más antigua hoy en nuestra ciudad.

Espigando en los fondos de la Colegiata citaremos como los momentos más importantes los siguientes:

  1. Privilegio de Alfonso VII por el que funda la cofradía del Pendón de Baeza en el monasterio de san Isidoro de León. Chronicon mundi de Lucas de Tuy, pag. 115

El documento 103 del Catálogo de la Colegiata nos proporciona una serie de datos sobre la Cofradía en el año 1331: Don Marino, Abad de San Isidoro, hace una detallada relación de los títulos que ennoblecían a su iglesia: Reliquias de Santos, cuerpos Reales que en ella reposan; indulgencias concedidas por Papas, etc., y al final, indica que dada la premura económica para la conclusión de las obras de la Basílica…”ordenamos que todos aquellos et aquellas que quieran pertenecer a esta confradería dieren quantía para un canto labrado o para un obrero. Nos les recibimos por confrades et por hermanos en la dicha santa confrería.” Por primera vez, aunque de forma no definitiva (en el siglo XVI, por ejemplo, esta posibilidad no se contempla), se aceptan también Damas en la Cofradía… a cambio, como han oído, de una cuantiosa limosna.

Contamos con una regla del año 1570 que fija una serie de obligaciones a los cofrades, sobre todo en orden a la asistencia a determinadas misas y ceremonias religiosas. Las fechas en las que debe procesionarse el Pendón (la de San Isidoro, el Corpus Christi y en la letanía que va de San Isidoro a San Marcos) y las personas que pueden portar el mismo; se citan en concreto “las cuatro personas más nobles de la Confradería”.

En 1572 visita León Ambrosio de Morales que describe pormenorizadamente el Pendón y relata la historia de la gestación del mito y alguna de sus intervenciones milagrosas.

Un extracto de unos pleitos entre la Colegiata y la Catedral, en 1599, nos descubre que “en la procesión del Corpus salen el Abad, etc., etc., y la Compañía de Ciudadanos nobles que instituyó, cuando ganó Baeza el Emperador Don Alfonso, los cuales siguen a su Real Pendón”.

Se conservan también ordenanzas sobre la limpieza de sangre para pertenecer a la Cofradía y hasta se guardan expedientes sobre el particular; uno de ellos referido a Don Antonio María Castañón Moreno, Marqués de Campo Fértil.

Digna de mención es también la relación de los bienes de la Cofradía. En el año 1787, además de cobrar 300 reales de la administración de tabacos de León y otras rentas, posee heredades en Campo y Santibáñez, La Seca, Santa Cristina, León, Villastrigo, Valporquero, Pedrún, Portilla, Nocedo de Fenar, Javares, Villademor y Valdemora, Villasimpliz, Salce, Llamas de la Ribera, San Román, Grañeras, Villaobispo, etc. Un saneado patrimonio, como se puede comprobar.

Hay una mención expresa, ya en regla anterior, a que los bienes de la Cofradía sean utilizados para la construcción de un hospital para sustentar un determinado número de pobres que deberán ser alimentados y curados por los cofrades. Dicho hospital parece haberse encontrado en la calle del Cid.

Y cabe también señalar que en el siglo XVII se le concede, de manera definitiva el título por el que hoy es conocida; el de Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro.

Con mayor o menor fortuna, en el correr de los siglos y saltando lo acontecido en el XVIII y XIX, diremos que la Cofradía llega al siglo XX en un estado de franco abatimiento. Apenas cuenta con un par de hermanos cuando la redescubre el que fuera obispo de León D. Luis Almarcha Hernández que la dota de nuevos estatutos el 3 de febrero de 1946.

Nace también al amparo de los nuevos aires de Regionalismo que defienden, entre otros, Miguel Bravo Guarida, el Conde de Sagasta, Eguiagaray o Roa de la Vega, el primer Abad de la nueva andadura.

Estos nuevos Ilustres Caballeros Cofrades encargan una réplica del Pendón que es el que ha venido siendo utilizado en los actos de la Cofradía y que, como se comentó más arriba, ha sido remozado hace algo más de cuatro años.

A día de hoy, con estatutos reformados en 2009 por el Obispo de la diócesis, D. Julián Martín, la Cofradía cuenta con unos 180 miembros, Caballeros y Damas. Durante unos años, y obedeciendo antiguas reglas, se mantuvo un númerus clausus sobre la cifra de 147 como aproximación al año de su fundación, 1147, y lleva a cabo una serie de actos, además de otros especialmente señalados, atendiendo a su disposición temporal, como:

El solemne responso a los Reyes de León, precedido de turnos de vela en el Panteón Real, el 6 de enero.

Una misa en recuerdo de todos los hermanos fallecidos, el día 17 de febrero, fecha de la primera reunión de los caballeros, con el rey, a la vuelta de Baeza.

Presencia destacada en las Cabezadas, el último domingo de abril.

Acompañamiento a la penitencial del Desenclavo en el atrio de la Basílica el día de Sábado Santo.

Misa de la fundación el día 25 de julio.

Celebración de la traslación de las reliquias de San Isidoro de Sevilla a León, domingo más próximo al 21 de diciembre. En dicho día, y precedida de la vigilia de la Luz, tiene lugar la ceremonia de investidura de nuevos hermanos.

Además de ello, y siguiendo el dictamen de las diferentes Reglas que han inspirado los actuales Estatutos se financian dos comidas a la Asociación Leonesa de Caridad, así como dos becas universitarias a la Fundación Hombres Nuevos de Bolivia que dirige el Obispo leonés, dimisionario de Palencia, Nicolás Castellanos. No falta tampoco el aspecto cultural y para ello se organizan conferencias de variada temática, aunque fundamentalmente referida a aspectos de la historia leonesa y se organizan visitas a lugares relacionados con la misma.

En este mismo epígrafe cabrían dos conciertos: León, Cuna del Parlamentarismo que organizamos con otras instituciones, el concierto de la fundación o incluso la representación teatralizada de Las Cortes de León de 1188 que tienen lugar el sábado más próximo al 18 de junio, en el mismo lugar en el que se celebraron y en las que, sin duda, estuvieron presentes nuestros antecesores.

Y para terminar esta breve reseña, diremos que en lo alto del Milagroso Pendón y, seguramente, para premiar su trayectoria, su significado y su importancia, lucen tres Medallas de Oro (otras vendrán a acompañarlas en un próximo futuro): la de Baeza, su origen, la de León, su sede desde siempre y la de Villadangos donde tuvo lugar una batalla que casi cuesta la vida a nuestro fundador, el futuro emperador Alfonso VII, hijo de la primera Reina titular europea, Urraca I de León, en 1111.

Hermenegildo López González

Abad