FESTIVIDAD DE REYES

La Imperial Cofradía organiza desde tiempo inmemorial en la mañana del día 6 de enero, festividad de Reyes, una Solemne Vigilia Real, en modo de Turnos de Vela de Guardia y Oración en el Panteón Real de San Isidoro, seguidamente tiene lugar la Solemne Celebración Eucarística presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de León en la Basílica de la Real Colegiata de San Isidoro de León, a cuyo término se celebra el Solemne e Histórico Responso por los Reyes de León en el Panteón Real.

Responso por los Reyes de León

La festividad de la Epifanía de Nuestro Señor, conocida popularmente como el día de los Reyes Magos, es una de las conmemoraciones más alegres de cuantas componen el calendario litúrgico. Íntimamente unida al Nacimiento de Cristo, y, por ende, a la historia de la Cristiandad, es la fecha más esperada y anhelada por la infantería menuda, remitiéndonos a la tradición navideña española. Ahora bien, esta jornada representa también para los leoneses una cita con la historia de esta otrora Ciudad Imperial, que fue León en pleno siglo XII. Y es que en el Panteón Real de Colegiata Basílica de San Isidoro, cada 6 de enero, el Cabildo Isidoriano, tan entrañado en la vida de esta capital del Viejo Reino, celebra un sentido y emotivo responso por la Monarquía leonesa.

Estas honras fúnebres, que atesoran una solemnidad manifiesta, merecieron siempre la atención de nuestros antepasados. La afirmación no es gratuita. Y mucho menos infundada. Lo confirman, sin ir más lejos, por vía de ejemplo, las crónicas periodísticas. A manera de muestra, bastará una referencia. Está tomada de un diario de principios del pasado siglo, ‘El Mensajero Leonés’, que, en su edición del sábado 7 de enero de 1905, lo refiere de este tenor: «Ayer tarde, siguiendo tradicional y antiquísima costumbre, el cabildo de la Colegiata, cantó un solemne responso en el magnífico panteón de los Reyes. A la ceremonia acudió mucho público, deseoso de admirar aquellas viejas pinturas de tanto mérito y los mausoleos donde reposan las cenizas de los grandes reyes, cuyos nombres evocan las más preciadas glorias de la patria, y cuyo recuerdo hace surgir en la mente la visión legendaria de la Corte leonesa, toda luz y esplendores, en aquellos siglos épicos, en que de esta ciudad salían los héroes a la reconquista de la patria».

Desde hace seis décadas, aproximadamente, este oficio religioso por la recomendación del alma de los monarcas leoneses se celebra en la mañana de la señalada festividad de la Epifanía del Señor. Previamente, y desde hace unos pocos años, se llevan a término cuatro turnos de vela, con una duración de treinta minutos cada uno, que, en modo de Guardia y Oración, y con carácter privado, organiza la Muy Ilustre, Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro para los miembros de la misma.

Fundada en esta antigua Urbe Regia por el emperador Alfonso VII, a raíz de la toma de Baeza el 25 de julio de 1147, tal como dice Lucas de Tuy, en el capítulo XXXII de los ‘Milagros de San Isidoro’, el regio fundador «mandó que [dicha cofradía] fuese guardada firmemente a honra de Dios y del bienaventurado confesor San Isidro, [San Isidoro], para siempre jamás, y así es guardada y muy honrada hasta hoy día». Por su parte, D. Antonio Viñayo, ya en estos días nuestros, consignaba con tintes esclarecedores: «Toma el título [la cofradía] del Milagroso Pendón, que bordaron, con la efigie del Santo a caballo, en el Real de Baeza, las damas que acompañaban al ejército imperial, enseña que todavía se custodia como insigne reliquia en la Real Colegiata […] Han adoptado como escudo y medalla: cruz de brazos iguales con el alfa y omega pendientes, [y] león rampante que se apoya en una Biblia abierta y miniada». [Real Colegiata de San Isidoro de León. Al filo de medio siglo de restauraciones y renovaciones. 1956-2003, León, 2007, 154]:

Con legítimo orgullo ponderaremos que la investidura imperial de Alfonso VII se realizó en la antigua catedral románica de León el 26 de mayo de 1135, festividad de Pentecostés. Los pormenores de la ceremonia están referidos en la ‘Chronica Adefonsi Imperatoris’, atribuida al catalán Arnaldo, componente del séquito de Dª Berenguela, esposa del monarca leonés, y designado luego obispo de Astorga. Y, de igual manera, anotaremos que España no ha tenido otro emperador que Alfonso VII, ‘Imperator Totius Hispaniae’, es decir, ‘emperador de toda España’. Carlos V sólo fue emperador de Alemania.

En el cuarto y último de los antedichos turnos, además de los integrantes de la cofradía, participan, expresamente invitadas, autoridades civiles, militares y académicas. A la finalización de éste, se celebra una solemne eucaristía presidida por D. Julián López Martín, obispo de León. A su término se inicia el cortejo procesional que abren una cruz alzada y dos ciriales. Parte desde el altar mayor de la basílica. Y su destino es el señalado Panteón Real. Lo componen damas y caballeros de la Imperial Cofradía, el alcalde de León y miembros de la corporación municipal, las autoridades asistentes, el Cabildo Isidoriano y el prelado legionense.

Allí resalta el glorioso Pendón de Baeza, descrito por Ambrosio de Morales en su famoso ‘Viaje Santo’, [1977, 50,51], datado en 1572. Así lo vio el cronista de Felipe II: «Como por Reliquia muestran también un gran Pendón cuadrado de tres varas, de un Cendal como tafetán, que fue colorado, y con la antigüedad ha perdido la color. Es del emperador D. Alonso, hijo de Dª Urraca, que hizo bordar en él toda la manera con que le apareció San Isidoro, cuando le apareció sobre Baeza, y se la hizo ganar. Está bordado el Santo Doctor a caballo, vestido de pontifical con capa, con una cruz en la mano, y en la otra una espada levantada, y en lo alto un brazo, que sale del cielo con una espada también levantada, porque el santo le mostró al rey cómo salía del cielo el brazo de Santiago en su defensa». Por otro lado, Mariano Domínguez Berrueta, [‘Crónica de las fiestas isidorianas celebradas en la capital del Reino de León’. 1943. 125], en relación con esta pieza vexilológica, nos legó esta visión tan reconfortante como lírica: «Honra es de León guardarlo y honra nuestra rendirle fervoroso tributo patriótico de pura tradición leonesa. Es un paño venerable que conserva las esencias de la gran historia de España; sus viejos hilos nos atan con secular continuidad a las glorias españolas que son glorias de León».

La comitiva orienta su andadura a través de la nave central de la iglesia isidoriana hacia el nártex o pórtico del templo palatino construido por el rey Fernando I y la reina Dª Sancha y consagrado en 1063. Allí, bajo las severas bóvedas de la denominada ‘Capilla Sixtina del Románico’, aguardan la resurrección de la carne 33 miembros del milenario Reino de León: once monarcas, doce reinas y diez infantes, así como nueve condes y diversos nobles. Y allí se realiza el responso. Sobre un paño funerario, que cubre una de las tumbas, habitualmente, la que preserva los restos mortales del rey Alfonso V, en dos almohadones de color carmesí, destacan los atributos reales: cetro y corona. Y en medio ellos, una espada. La Coral Isidoriana contribuye con la expresiva belleza de sus oraciones polifónicas al esplendor de este acto.

Ante las limitaciones de este cementerio regio, numerosos leoneses siguen la ceremonia situados en el claustro procesional, que es el lugar donde Alfonso IX, último rey privativo de León, monarca legislador y renovador de las Instituciones Leonesas, hijo de Fernando II y de Urraca de Portugal, y nieto del mencionado emperador Alfonso VII, para combatir las inestabilidades sociales y económicas que lo acosaban, en la primavera de 1188, celebró la Curia Regia que desembocó en los ‘Decreta’, es decir, en la llamada ‘Carta Magna Leonesa’, a la que la Unesco otorgó el 18 de junio de 2013 el título de ‘Memoria del Mundo’, reconociéndolos como «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo». Desde entonces, la denominación ‘León, cuna del parlamentarismo’, es una excelente tarjeta de presentación y un magnífico activo para la promoción de esta antigua Corte de Reyes, máxime ateniéndonos a la autoridad que le confiere la datación histórica.

Impregnado de una evidente intensidad emocional, el responso por los Reyes de León ha perdurado a través de los siglos, porque, en definitiva, estos rezos funerales por el ánima de la Monarquía leonesa conforman un acto de alto sentido histórico, tan pleno de significado como henchido de aromas milenarios.

Máximo Cayón Diéguez, Cronista Oficial de la Ciudad de León.